Suede y el efecto Antidepressant: Crónica de un lunes de marzo

lunes, abril 06, 2026

Habitualmente suelo escribir sobre los conciertos que se convierten en puntos de inflexión y te cambian la perspectiva, de los que sales de ellos sintiéndote un poco diferente a como entraste. Si me habéis seguido, recordaréis que una de las primeras veces que lo hice fue con la gira de "La Deriva" (Vetusta Morla).

Suede arrancaba su viaje por España un lunes 16 de marzo en Bilbao, con el "Antidepressant: Dancing with the Europeans Tour". Guardaba la entrada desde septiembre, comprada en un momento de absoluta incertidumbre vital y sin saber muy bien cómo me pillaría el cuerpo cuando llegara la fecha. Pero el día llegó y acabó siendo una ruptura necesaria, de esas que te ponen de nuevo en tu sitio. 

A lo largo de estas líneas veréis cómo me ha bailado el ánimo y todas esas inseguridades que me han asaltado de golpe.

EL PREAMBULO PERSONAL

Llevo casi un mes en esta nueva etapa, con más horas libres de las que sé gestionar y dudas que no vi venir. Dejar de trabajar voluntariamente suena muy bien desde fuera, pero adaptarse cuesta. De un día para otro, la gente con la que has compartido años desaparece de tu rutina.

Claro que puedes quedar un martes o un fin de semana, ¡pero no es lo mismo! Me falta la tontería del café, el preguntaros qué tal va el día o ese pique dialéctico para sacaros unas risas, o el insulto gratuito, y acabar descojonándonos todos. Ese estímulo se cortó en seco y te das cuenta de que esta soledad no se cura con planes puntuales. Me sobran minutos y me faltan esos instantes que antes daba por hechos. Me creía más duro, pensaba que la libertad compensaría el vacío de no veros a diario. ¡Me equivoqué de pleno!

LA CERVEZA SIN GLUTEN, SIEMPRE

Llegamos a la sala Santana sobre las 19:30, con el tiempo justo para los saludos. Aunque en este blog haya defendido que ir solo a un concierto es un puntazo, sabéis que no siempre es verdad. ¡En esta ocasión iba muy bien acompañado por un grupito mixto!

Ante la duda clásica de qué pedir para no pasarme el concierto en el baño, acabé con una cerveza sin gluten, elección totalmente influenciada por una de esas personas que echo de menos en los cafés de la mañana; aquella a la que yo, ¡como un camello de oficina!, suministraba chocolate al 90% para curar su hambre emocional

La cuadrilla festivalera estuvo charlando un rato junto a la barra, teniendo claro que la conversación seguiría animadamente en la pista, unos metros delante de la mesa de mezclas. Sabía también que me cruzaría con otra amiga, ¡superfán de Suede!, y allí estaba ella con su camiseta de merchandising de la banda, tal como me prometió hace unas semanas. Al final nos juntamos un grupo variado, cada uno en su momento vital, pero todos con las mismas ganas de estar allí, a pesar de ser lunes.

LAS CANAS, EL GLAM Y UNOS TELONEROS ESCOCESES

Suede lleva más de treinta años en esto con una propuesta que nunca fue fácil: letras crípticas y esa estética andrógina que te permitía ser quien quisieras. No es una banda que busque fans nuevos, sino que cuida con lealtad a los que ya tiene.

Y se notaba. ¡Había muchas canas y poco glam en la sala! La media rondaba los cincuenta y tantos, y el nivel de entrega era inversamente proporcional a la condición física. Los cincuentones lo damos todo, a nuestra manera, ¡y eso tiene su mérito!

La sala estaba llena, nada que ver con los apenas doscientos que acompañamos a Miles Kane semanas atrás. En cuestión de minutos, el jersey ya estaba anudado a la cintura. Los que me conocéis sabéis que no soy precisamente un calorías, seguro que echáis de menos mi imagen con la manta sobre las piernas, ¡así que imaginad la temperatura de la pista!

Los teloneros eran los escoceses "Swim School". Nombre sencillo y claro, aunque mis acompañantes, o bien por no entender mi cuidada dicción o porque la cerveza ya estaba haciendo efecto (en ellos), no terminaban de pillarlo.

Durante media hora nos presentaron los temas de su primer disco. Musicalmente son un grupo muy correcto que se mueve bien dentro del indie rock, entre la distorsión de las guitarras y la melancolía. Están encabezados por Alice Johnson, que tiene un tono de voz precioso y una ejecución impecable, pero quizás les faltó ese punto de nervio necesario para terminar de conectar con nosotros.

Siempre es difícil ser el telonero y convencer a una audiencia en tan poco tiempo, sobre todo cuando todos estamos esperando el plato fuerte. Los había escuchado el día anterior y, aunque hay quien los compara con Wolf Alice, Ellie Rowsell es mucha Ellie, a Swim School aún les queda recorrido para madurar su propio estilo. Son jóvenes y apuntan maneras, habrá que seguirlos.

LA CAMISA BLANCA Y EL NAUFRAGIO COMPARTIDO

En cuanto terminaron los edimburgueses, los roadies volaron para dejar el escenario listo. A Bilbao trajeron el montaje básico; nada de pantallas para proyectar estribillos, como había visto en algún vídeo de su gira por UK.

El concierto comenzó con un sonido de fondo entre tribal e industrial. Sin esperar a que apareciera Brett Anderson por el escenario, Richard Oakes arrancó con los primeros acordes de "Disintegrate". Entonces salió él: flequillo tintado en negro y ese andar chulesco tan suyo. Yo tenía la duda de si vestiría camisa negra o la blanca de cuello Mao; esta última fue la elegida. Supongo que, por eso de venir a España, pensó que el negro sobraba. ¡No cayó en la cuenta de que esto es Bilbao! Por mucho que llevemos una semana de sol primaveral y yo ya tenga la cara y piernas morenas (rara a estas alturas), lo suyo habría sido un negro riguroso.

Con la primera estrofa, Brett ya empezó a usar el cable del micro como un látigo para fustigarnos. Suena exagerado, pero así fue el agradable castigo: ¡noventa minutos sin darnos ni un segundo de tregua! No necesitó más que soltar ese "COME DOWN AND DISINTEGRATE WITH ME" para saber exactamente a qué habíamos venido: a ser rescatados. Temazo que es una especie de invitación al hundimiento conjunto, pero que tiene un punto curiosamente amoroso. Como decir: "vamos a jodernos la vida, pero hagámoslo juntos".

Como una recomendación a la inversa, tras Disintegrate llegó "Antidepressants", el preludio perfecto para arrancar con el homenaje a esos Suede de los noventa que tanto juego me dieron. Eran esos himnos cuyos estribillos tantas veces canté, o destrocé, mejor dicho, cuando aún no cumplía los 25 y lucía un flequillo estupendo que movía al unísono de la música.

DISOLVER LA TRISTURA

Con "Trash" estalló la locura del estribillo fácil y Brett aprovechó para realizar su primera incursión en el foso. El acceso a la pista desde el escenario no estaba pensado para sus habituales paseos entre la gente, repartiendo besos y abrazos o agarrando manos, así que tuvo que conformarse con pegarse a la valla. La recorrió de punta a punta para disfrute de las primeras filas. Si no puede saltar sobre nosotros, al menos necesita sentirnos cerca.

Y nosotros a él. Porque en ese momento, casi sin darnos cuenta, algo se contagió entre el escenario y la pista. Por encima del sonido y de los estribillos que me habían llevado hasta ese día, lo que surgió fue la complicidad. "Cantamos hombro con hombro y ya no me sentí tan solo como en las últimas semanas". Fue como recuperar de golpe la conexión que habíamos ido construyendo durante años entre cafés de mañana y charlas que no querían terminar, una conexión que la distancia había ido silenciando sin que apenas nos diéramos cuenta. En esos instantes, la "tristura" que arrastraba empezó a disolverse. Bastó eso para romper el peso que me tenía atrapado desde el 25 de febrero.

Brett anunciaba los temas recitando versos de los estribillos con una intensidad casi dramática, preparando el terreno para lo que venía. A Trash le siguieron "Animal Nitrate y We Are The Pigs"

También hubo regalos inesperados como "Pale Snow" y, sobre todo, "I Don’t Know How To Reach You", una de mis preferidas de este siglo. Apenas pudimos ver la interpretación porque Brett bajó de nuevo al foso a repartir cariño, afortunadamente la terminó sobre el escenario, arrodillado y empapado en sudor. ¡Momentazo! Miré a los lados y saboreé estar allí, rodeado de gente a la que aprecio.

¿Pero creéis que nos dio un minuto para respirar? ¡Ni uno! Encadenaron con la festiva "Filmstar" y ahora sí, el glam empezó a sobrevolar el ambientazo de la Santana. Le siguió "Can’t Get Enough", de grito fácil y estribillo más sencillo todavía. Llegamos al ecuador sin aliento: diez canciones en 45 minutos. Brett, exhausto, nos confesó en un castellano accidentado: "Mucho calor, mucho caliente". Nos reímos todos, claro.

A estas alturas yo ya estaba despistado con el repertorio, y eso que llevaba semanas estudiando los setlists. Sonó la cálida lluvia de "June Rain", lenta e intensa, y continuaron con "She Still Leads Me On", que sonó como los Suede más hambrientos de los noventa. Es una canción que habla de las ausencias, y ver a un tipo de cincuenta y tantos dejándose la piel así fue el empujón definitivo para afirmarlo: ¡Suede es una de las bandas más honestas del panorama internacional!

LA BANDA DE BRETT

Hasta ese momento solo había tenido ojos para Brett Anderson, ¡sin caer en la cuenta de que la banda que le guarda las espaldas está increíblemente engrasada! Richard Oakes con sus riffs afiladísimos y esa solvencia pasmosa, mientras Neil Codling ejerce de hombre orquesta: lo mismo refuerza las guitarras que se sienta a los teclados, quedándose a veces mirándonos con las manos sobre las rodillas, ¡como si fuera él el impresionado por nuestra reacción!

Mención aparte merece el bajo de Mat Osman, que se mueve con la misma energía que cuando tenía veinte años. Ha perdido la melena, pero no esa planta que marca el ritmo de cada tema. En la sombra, Simon Gilbert está impecable tras sus guantes y su batería. Todos actúan con una perfección absoluta; son unos secundarios de lujo que sostienen el peso del espectáculo para que el protagonista brille.

Y valla si brilla. ¡Brett es sobrenatural! Su esfuerzo es tremendo y su voz, ya lejos del falsete agudo de los noventa, suena más madura y dramática. En la segunda mitad del bolo se refugia bastante más en el foso, recorriéndolo tranquilamente y recargando energía con el contacto de los fans; es su tregua antes de volver a subir y desatar el asalto final.

"Shadow Self" y "Trance State" fueron los siguientes, y yo estaba impaciente por escuchar "The Asphalt World" versionada al piano. La interpretación fue casi teatral. Cerca del final, el piano se fue apagando con lentitud; Brett dejó caer los auriculares y apartó el micrófono. En un silencio absoluto, nos regaló cuatro estrofas a capela: su voz, desnuda y poderosa, llenó la sala. ¡Aquel instante se convirtió en el momento más memorable de su paso por Bilbao!

EL ASALTO FINAL (Y UNA ESPINA CLAVADA)

Mientras intentábamos procesar lo que acababa de acontecer con el dramático final de Asphalt World, encadenaron como si nada "Everything Will Flow", "So Young" y la potente "Metal Mickey". Para cuando sonó "Beautiful Ones", ya solo me quedaba energía para el "la la la la". Aun así, me guardé el último aliento para el cierre que había imaginado mil veces: "The Only Way I Can Love You".

Después de meses escuchándola en bucle en mis paseos bajo el paraguas y con una sonrisa tonta, proyecté ese instante como el final perfecto. Pero la suerte no estuvo de mi lado. 

En su lugar cerraron con la eurovisiva "Dancing With The Europeans": un himno anti-Brexit que, según dicen, escribieron pensando en la fidelidad del público español. ¡Funcionó, claro! Fue un final digno, animado y muy "tribunero", pero para mí no dejó de ser un premio de consolación.

Y así acabó todo. Salimos del recinto mientras sonaba "I Wanna Be Adored" en la fiesta post-concierto. Mis Stone Roses sonando de fondo mientras yo, que ahora dispongo de todas las noches libres (¡hosti como suena esto!), me iba con la pena de no quedarme a disfrutarla.

Aun así, fue un buen desenlace: volver al metro con mis amigos, con esa canción de fondo en mi cabeza y la sensación de que, al menos por unas horas, ¡había recuperado algo que echaba muchísimo de menos! 

Al final, supongo que de eso trata esta nueva etapa: de aprender a gestionar las ausencias, de abrirse camino y de buscar la inspiración en cualquier detalle.

¡Enjoy! 💚

Créditos: Capturas del concierto extraidas del canal de YT de Andre.D.Keaton

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